El 27 de septiembre de 2026 entra en aplicación la Directiva (UE) 2024/825, conocida popularmente como la Directiva Antigreenwashing o «Green Claims». No es una norma más que se queda en el BOE sin tocar el día a día: cambia directamente lo que puedes escribir en tu web, tus redes sociales y tu packaging cuando hablas de sostenibilidad.
Si tu empresa usa palabras como «eco», «sostenible», «verde», «respetuoso con el medio ambiente» o «neutro en carbono» en algún punto de su comunicación, este artículo es para ti.
¿Qué cambia exactamente?
Hasta ahora, era habitual comunicar sostenibilidad de forma genérica: una etiqueta, un claim en la home, una frase en el packaging. Sonaba bien, generaba confianza, y pocas veces alguien pedía explicaciones.
A partir del 27 de septiembre, eso deja de ser suficiente. La directiva exige que cualquier afirmación ambiental esté respaldada por datos verificables y evidencias objetivas y accesibles. Las expresiones vagas o «aspiracionales» — bonitas pero sin sustento — quedan directamente prohibidas si no van acompañadas de pruebas concretas.
En algunos casos, además, las empresas pueden verse obligadas a someter esos compromisos ambientales a la verificación de un tercero experto independiente, especialmente cuando se trata de metas u objetivos de sostenibilidad concretos (por ejemplo, un compromiso de «net zero para 2030»).
¿A quién afecta?
Aquí hay un matiz importante que muchas empresas pequeñas pasan por alto:
- Las microempresas (10 empleados o menos, o facturación inferior a 2 millones de euros) quedan excluidas de algunos artículos de la directiva, aunque pueden optar por cumplirlos de forma voluntaria.
- El resto de empresas que operan en el mercado de la UE —independientemente de dónde tengan su sede— sí están obligadas a cumplirla si comunican en territorio europeo.
Pero cuidado con leer la exención de las microempresas como «esto no va conmigo». Aunque no exista obligación legal estricta para un negocio pequeño, sí existe riesgo reputacional y competitivo: los consumidores, los proveedores y los propios competidores van a estar mucho más atentos a este tipo de mensajes a partir de ahora. Un claim ambiental sin respaldo, aunque no acarree sanción, puede acarrear algo peor: pérdida de confianza.
Para las empresas de mayor tamaño, el riesgo sí es directamente legal: las sanciones por incumplimiento pueden alcanzar hasta el 4% de la facturación anual en el Estado miembro donde opera la empresa.
Un detalle que suele sorprender: la norma no aplica solo a productos nuevos. También afecta al stock que ya está a la venta el 27 de septiembre. Si tu packaging actual lleva un claim ambiental sin respaldo, tienes que revisarlo igualmente, no solo las próximas tiradas.
Ejemplos prácticos: qué ya no vale y qué sí
La mejor forma de entender esto es con ejemplos concretos de antes y después.
❌ «Producto eco-friendly» Sin más contexto, es exactamente el tipo de afirmación genérica que la directiva prohíbe. No dice en qué es «eco», ni respecto a qué.
✅ «Producto fabricado con un 40% menos de plástico que nuestra versión anterior, verificado por [entidad certificadora]» Es concreto, medible y verificable. Esa es la diferencia.
❌ «Empresa comprometida con el medio ambiente» Frase de intención, sin ningún dato detrás. Es justo el tipo de mensaje «aspiracional» que la norma quiere erradicar.
✅ «Reducimos nuestras emisiones de CO2 un 15% en 2025 respecto a 2023 (informe de sostenibilidad disponible aquí)» Aporta cifra, periodo de comparación y una fuente consultable.
❌ «Packaging sostenible» Otra vez: sostenible ¿por qué? ¿reciclable, reciclado, compostable, de origen renovable? Cada término tiene un significado distinto y una exigencia de prueba distinta.
✅ «Envase fabricado con un 70% de material reciclado (certificación X)» Específico y con respaldo.
❌ «Climáticamente neutro» Este es uno de los términos que la directiva señala expresamente: prohíbe basar la «neutralidad climática» únicamente en compensaciones de carbono (comprar créditos de CO2) sin reducción real de emisiones propias.
✅ «Reducimos nuestras emisiones directas en X%; el resto lo compensamos mediante [proyecto verificado], con nuestro plan de reducción disponible aquí» Transparente sobre qué parte es reducción real y qué parte es compensación.
Qué hacer ahora, con el plazo tan encima
Con apenas unas semanas hasta el 27 de septiembre, el orden de prioridades práctico es:
- Revisa cada afirmación ambiental que tengas publicada — web, redes sociales, packaging, catálogos.
- Clasifícalas: las que tienen datos y evidencia detrás pueden quedarse (quizá con matices); las que son genéricas o aspiracionales, hay que reescribirlas o retirarlas.
- Reescribe con datos concretos allí donde puedas aportarlos, y elimina o suaviza el resto.
- Documenta las evidencias que respaldan cada mensaje que decidas mantener, por si en algún momento te las piden.
No hace falta convertir esto en un proyecto de meses. Es, precisamente, el tipo de problema concreto y acotado que se puede resolver en 48 horas: auditar, clasificar y reescribir. Por eso hemos creado Sprint48 Antigreenwashing: una revisión intensiva de tu web para que llegues al 27 de septiembre con tu comunicación en regla, sin arriesgar ni tu presupuesto ni tu reputación.

